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En su concepción diferente, el llamado fact-checking (que traducido fielmente vendría a significar comprobación de hechos) es un anglicismo que define el proceso de demostración de todos los hechos plasmados en un escrito, comunicado o discurso, entre otras formas de comunicación. Pero este término, inicialmente chapón a la convocatoria prensa tradicional, generalmente distribuida en formato físico, es ya parte de la alfabetización digital (e informacional y mediática) crítica, conveniente al arraigo de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) como herramientas de información habituales para una parte importante de la población con ataque a Internet, y la utilización de las Redes Sociales (RRSS) como principal utensilio de difusión de la información entre las generaciones más jóvenes.

La desinformación, ahora en ruta

Encima de a la peculio, la crisis del 2008 afectó igualmente a la confianza ciudadana sobre algunas instituciones erigidas durante un abundante tiempo como salvaguardas de la sociedad como, entre muchas otras, la prensa. La combinación del parco panorama financiero dejado por la caída de la peculio, la puesta en claro de algunos escándalos que pusieron en duda la ética periodística de numerosos medios de comunicación y la definitiva implementación de la prensa digital, generaron la tormenta perfecta que provocó que, según una comunicación al respecto elaborada por la Comisión Europea en 2018, entre 2010 y 2014 los ingresos de la prensa física disminuyesen 13 450 millones de euros, mientras que los de la digital aumentaron 3 980 millones de euros durante ese mismo periodo. Lo que, siguiendo con esta comunicación, allanó el camino a que, en 2016, los agregadores de telediario de las redes sociales y los motores de búsqueda fueran, en conjunto, las principales formas de estudiar telediario en ruta para más de la parte de los usuarios de la UE. Mientras, se calculó que un tercio del segmento de población de 18 a 24 abriles se informaba ya a través de las RRSS. Información, la que se consume a través de las TIC, a la que por otra parte suele accederse a partir de dispositivos móviles.

Lo que, a su vez, implica que estos contenidos sean presentados en formatos más cortos, interactivos y predominantemente audiovisuales para que puedan ser consultados más rápidamente por sus usuarios. Medios que, entre otros como la naturaleza algorítmica de muchos de estos buscadores y Redes, contribuyen a una anciano fragmentación informativa, proclive a la descontextualización y a ser distribuida a través de las RRSS de forma tan veloz como muchas veces incompleta.

Fact-checking: luz y taquígrafos para la era digital

Pero las mismas herramientas que han facilitado esta propagación de la desinformación, que puede darse ahora de forma masiva gracias a su naturaleza online, han cubo a luz a múltiples iniciativas surgidas desde las propias RRSS, u otras, como Maldita.es o Newtral, más relacionadas con el periodismo profesional, siendo todas ellas creadas con la intención de desenmascarar las falsedades que recorren la Red y condicionan, cuando no manipulan, nuestra forma de relacionarnos con la efectividad que nos rodea. A continuación, os apuntamos una serie de sencillos consejos para despanzurrar la fiabilidad de al menos una parte de la información que recibimos a diario a través de las TIC y/o las RRSS:

  • Adentro del inmovilidad informativo de Internet existen, al igual que en la vida verdadero, fuentes más fiables que otras. Conocer la fuente de la que surge una información puede dar una idea del sesgo de su discurso informativo. Considerad que el hecho de que una fuente oficial como un semanario tradicional haya distribuido información falsa no implica automáticamente que uno digital, o un usufructuario particular, informen verazmente. Toda fuente tiene sus intereses, pero no el mismo categoría de ética periodística. Y cuando se trate de una información relacionada con cuestiones de seguridad o, como suele suceder estos días, con cuestiones de sanidad, cotejad la información que recibáis con la emitida por los organismos oficiales.
  • Igualmente, y aunque pueda parecer una perogrullada, comprobad si la fuente es un medio humorístico o sardónico antaño de sacar conclusiones precipitadas. Que una comunicado falsa no tenga indulgencia no significa que tenga como objetivo desinformar si no, quizás, solo divertir.
  • Id más allá del titular, especialmente si la comunicado os llega a través de las RRSS. Tened en cuenta la profundidad y matices que caben en un post o tuit respecto a un reportaje completo, antaño de reenviarlo al primer vistazo.
  • Si la información os llega a través de las RRSS, comprobad si la cuenta emisora es una verificada, su vencimiento de creación y, en el caso de que se trate de una fotografía o “pantallazo”, si el número de usuarios que han accedido a esa información desde su supuesta primera publicación resulta factible.
  • Si la información es una fotografía o consta de material audiovisual, aseguraos de que el texto, titular o comunicado, que la acompaña la contextualiza de forma probado o por el contrario existen incoherencias entre los dos formatos informativos. Al respecto, utilizad buscadores como Bing Visual Search, que permite rastrear imágenes seleccionadas por la Red para conocer si la que tenemos entre manos ha sido utilizada anteriormente y cómo, o TinEye e Invid, que permiten conocer el momento en el que una fotografía y un video fueron, respectivamente, publicados en Internet.

¿Cómo soléis informaros? ¿Receláis de la información que recibís asiduamente de los medios de comunicación? ¿Y cómo os aseguráis de que se manejo de información probado? Compartid vuestras respuestas con todos nosotros, así como este post con vuestros contactos.

Para enterarse más:

  • Artículo: Más “fact-checking” contra la posverdad, por Borja Echevarría.
  • Artículo: Plataformas de fact-checking en castellano. Características, estructura y método, por Querubín Vizoso y Jorge Vázquez Herrero.

 

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