October 17, 2019
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Rafael Guerrillero: “Hablamos de inteligencia emocional cuando somos capaces de dirigir la razón con el percatar”.

Rafael Guerrillero: “Hablamos de inteligencia emocional cuando somos capaces de dirigir la razón con el percatar”.

By on October 3, 2019 0 4 Views

¿Es correcto murmurar de trámite de las emociones? ¿Se pueden dirigir?
Hay personas a las que no les gusta murmurar de trámite emocional. A mí, personalmente, sí que me gusta el término porque sí que creo que se puede dirigir, no la emoción, pero sí la reacción. Me explico: yo no puedo hacer ausencia para no percatar una emoción. Cuando considero que una situación es injusta no puedo evitar percatar enfado o contrariarme, aparece la enojo de forma obligatorio. Es difícil que si yo tengo ocho abriles y estoy jugando a la videoconsola y viene mi mama y me dice que me duche, no sienta enojo, porque estoy experimentando una pérdida. Lo que sí es manejable es la porte que tengo como respuesta a esta emoción, y aquí es cuando hablamos de trámite. 

Entonces, lo que controlamos no es la emoción, si no la respuesta. 
Exacto, aquí diferenciamos entre emoción y conducta. La emoción me invita siempre a sufrir a lado una energía y esto sí se puede controlar: la puedes inhibir, retrasar, minimizar o maximizar. A esto sí que se aprende, este autoevaluación se puede enseñar. Cuando la enojo te incita a pegar, a atacar, yo no puedo hacer ausencia para inhibir la enojo pero sí puedo modular la respuesta que la emoción me empuja a tener. Como sociedad, tenemos unas normas de convivencia que nos indican qué es aceptable y qué no, y esto es lo que debemos transmitir.  

¿Y cómo se transmite esto?
Explicándolo, no hay otra. Es importante que los niños sepan que no podemos controlar la aparición de la emoción pero sí que tenemos la obligación de modular y modificar la conducta si no es adecuada. Esto es trámite emocional. 
Y sobre todo lo que no debemos hacer nunca es desmentir la emoción, o menospreciarla.

¿A qué se refiere?
A estos típicos comentarios de “no te pongas triste por esto”, o “no llores que no es para tanto” o “no hay motivo para enfadarse”. Los niños y las niñas no pueden evitar percatar lo que sienten en presencia de una situación, aunque a nosotros nos parezca desmesurado. Negarles la emoción no ayuda. Lo que sí podemos hacer es dar herramientas para “estudiar a ser humano” es aseverar, estudiar a dirigir, a modular, las conductas que van ligadas a la emoción. 

¿Cómo funciona el cerebro y las emociones?
La emoción nace en el sistema límbico, en el interior del cerebro. Es una parte del cerebro que no controlamos en incondicional. A menudo intentamos razonar con ellos en presencia de situaciones que no sabemos dirigir, y esto en sinceridad, es inoperante: la razón aparece en una parte del cerebro totalmente opuesta al sistema límbico, que es una zona voluntaria. Debemos ser conscientes de esto porque es muy difícil razonar cuando sentimos emociones muy fuertes. Hablamos de inteligencia emocional cuando somos capaces de dirigir la razón con el percatar, pero esto es poco que a los más pequeños les cuesta horrores. 

Pónganos un ejemplo de esto, por amparo.
Cuando un adulto se enfada con un superior en el trabajo por algún tema relacionado con lo profesional, puede expresar ese enfado de forma explosiva poniendo en peligro su relación gremial o su puesto de trabajo, o puede dirigir la conducta, apaciguar la enojo y desfogarse luego en la cafetería con los amigos o contando lo que le ha pasado a su pareja. 

A menudo hay debate sobre qué se aprende en casa y qué en el colegio. ¿Quién enseña educación emocional?
Lo dice muy perfectamente el sentencia africano: es la tribu la que educa. La educación emocional no se puede parcelar. Educa la tribu, los docentes, el barrendero, los políticos que salen en la tele, etc.. Sí que es cierto que los ambientes fundamentales que influyen en el educación son la tribu y la escuela, y es ahí donde hay que aumentar los títulos que son importantes para nosotros. Pero todas las personas, seamos conscientes o no, somos modelos para los más pequeños. Es importante que seamos conscientes que hay otros agentes en la vida de nuestros hijos que incluso son relevantes. 

¿Y qué hacemos para contrarrestar este tipo de inputs si consideramos que no son adecuados?
Lo mejor que podemos hacer es estar. Estar con ellos para poder ofrecer un contrarrelato, una contextualización de lo que están viendo o oyendo. Y estar es estar de verdad, no sentarse a su costado a mirar el móvil. Si somos capaces de tomar estos inputs a la vez, podemos dialogar con ellos y poner en crisis aquello que están recibiendo. Es interesante, cuando tienen cierta momento, proponerles que expresen su opinión al respecto. El problema no es que los niños vean contenido que no es adecuado para su momento, el problema es que lo vean sin sus padres, o sin sus adultos referentes. 

¿Crees que las familias de hoy en día son sobreprotectoras?
Evidentemente, hay familias de todo tipo, pero sí que tendemos a sobreproteger a nuestros hijos. El principal creador que nos lleva a hacerlo es el miedo. Tenemos mucho miedo a que nuestros hijos sufran, a que no consigan sus metas, a que no cumplan con nuestras expectativas, etc.. No es el miedo del irreflexivo el que nos impulsa a hacer, es el nuestro propio. No nos tiramos de un tobogán con el irreflexivo porque él nos haya expresado su miedo, sino porque nosotros tenemos miedo de que se haga daño. Anticipamos sus sentimientos y no tenemos la capacidad de ponernos en su sitio. El irreflexivo seguramente estará excitadísimo por tirarse de un tobogán titán, pero eso nosotros no lo vemos. 

¿Y cómo aprendemos los adultos a ser empáticos con ellos? ¿Podemos los adultos estudiar a dirigir estas emociones?
Por supuesto, nunca es tarde. El cerebro siempre está preparado para estudiar y adaptarse. 
Pero para que podamos estudiar hace equivocación que la tierra esté preparada para mantener esto. Hay que trabajarlo.

¿Y los docentes? ¿Cómo pueden dirigir las emociones cuando están con los niños?
Yo siempre propongo, tanto a padres, madres como docentes que apliquen la ciudadanía. Se manejo de tipificar que sentimos cosas, y que seamos capaces de identificar las emociones, permitírnoslas, y gestionarlas. Este es el mejor ejemplo que podemos dar a los niños y las niñas. Si queremos murmurar con el alumnado de emociones, el primero que tiene que murmurar de ellas es el docente. Si un día estoy triste o agobiado, está perfectamente verbalizarlo. O si estamos enfadados con los alumnos, es bueno decirlo y explicarles por qué, modulando la conducta, como decíamos lantes y que ésta sea modélica. 

Nos gustaría que nos propusieras tres herramientas para docentes en el cátedra. ¿Cuales elegirías?
Es muy difícil escoger tres, pero la primera utensilio que propongo es la de legalizar la emoción, permitirla, validarla, ver de guisa positiva la externalización de las emociones. Tenemos que aceptarlas porque las emociones son subjetivas, y como hemos dicho antaño no podemos controlar sentirlas o no. Otra cosa es que la conducta sea la correcta. Si no lo es, tenemos que legalizar la emoción pero despellejar la conducta, y dar herramientas para gestionarla de otra forma. Y si consigue dirigir la conducta de forma correcta, debemos reconocerlo y aplaudirle.  

¿Qué más?
El segundo solicitud que propongo es el de no intentar racionalizar las conductas de los alumnos. No tiene mucho sentido que intentemos poner la razón en algunas situaciones, es lo que comentábamos antaño. A veces lloran y no sabemos por qué. No siempre hay que entender el porqué pero siempre tenemos que seguir. Solemos aseverar “es que no atiende a razones”, claro, cuando el cerebro límbico está activo no hay razón que valga. Ni siquiera es buena idea despellejar la conducta en este momento porque no nos escuchan. Es mejor esperar a que el pequeño o la pequeña se tranquilice para poder razonar.

Y por postrero…
Y aquí viene la tercera propuesta: Conectar. Es importante conectar con el pupilo: abrazarlo, calmarlo, darle su espacio para que atraviese la emoción y se pueda regular, etc.. Cuando haya vuelto el contrapeso puedes murmurar y averiguar estrategias para enseñarle a autoregularse si no lo consigue solo.


Si te ha gustado la entrevista a Rafael Guerrillero, no te pierdas la de Rafael Bisquerra: “La educación emocional vertebra el progreso personal”.

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