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Siempre digo que la recital debe trabajarse desde la experiencia y no sólo desde el estudio filológico. Para acercarla y demostrarles a nuestros alumnos que adivinar sirve para hacerse preguntas y, a veces, además para advertir respuestas, vale la pena que la ofrezcamos como una útil y no como un exclusivo objeto de estudio. Por si fuera poco, la recital puede ayudarnos a explorar la creatividad de nuestros alumnos, que suele ser anciano de lo que parece.  

Diario de Lectura

A lo espléndido de este curso, he invitado a mis alumnos a adivinar una misma novelística en el primer trimestre; luego, a escoger una entre cinco propuestas fijadas; y finalmente les he ofrecido la posibilidad de nominar la que quisieran sin excepciones durante el trimestre final. 

A su vez, les he ofrecido una gran variedad de alternativas para trabajar la recital de un modo diverso y personal: la han adaptado como si fuera una serie, la han valorado como youtubers; han primoroso las saber de un libro musical a partir del argumento de la novelística; han ideado conversaciones de WhatsApp en las que dos personajes de la trama se explicaban lo que les iba sucediendo; han creado una cuenta de Instagram del protagonista del compendio… 

Pero, adicionalmente, les he propuesto que elaborasen un diario de recital para poblar la experiencia lectora de un modo diverso. ¡Y vaya si lo han hecho! Para crearlo, han seguido los siguientes pasos:

  • Una vez escogida la novelística que se querían a adivinar, les pedí que consiguieran un cuaderno o un diario de un tamaño no muy vasto para llevarlo consigo a cualquier parte. 
  • Debían fraternizar la recital con la escritura en el cuaderno de las sensaciones que les iba despertando el compendio. ¿Qué emociones les transmitía? ¿En qué pensaban mientras leían? De hecho, podían expresar lo que les apeteciera: desde sentimientos compartidos con los personajes, saludos pasados que habían resurgido de repente con la recital, opiniones sobre la trama, reflexiones alocadas…
  • Les animé, por supuesto, a expresarse en el modo en que se sintieran más cómodos, a dejarse sufrir por la escritura desenvuelto, y que mezclaran incluso varios lenguajes. En este sentido, podían incluir poemas, dibujos, canciones, fotos y mucho lettering, entre otros.
  • Y, finalmente, les sugerí que pusieran plazo cada vez que escribieran una entrada en el cuaderno y que no se preocuparan por la extensión. Lo importante, más que el peso, era la calidad creativa.

diario cristian olivé

Lo cierto es que he disfrutado leyendo estos trabajos y, como docente, corrección y distracción no suelen ir de la mano. Por ello, invitémosles a sorprendernos con sus trabajos. Sí, me han sorprendido, pero además me han emocionado. De hecho, entre las muchas reflexiones que han hecho, me silencioso con una: He vivido la recital como una parte de mí, escribía una alumna en una de las páginas de su diario. Y, bueno, no he podido sentirme más adecuado. 

De cara al curso que viene, llevaré al cátedra una nueva moda surgida en Youtube: el VLOG de recital, en el que el youtuber en cuestión graba pequeñas tomas de vídeo a medida que va avanzando una novelística. Si está en la cama, detiene la recital y se graba tumbado contando sus impresiones; si está en el sofá, se graba sentado y destaca si está emocionando; si va leyendo de pie, se graba allí donde esté y expresa su valoración en caliente. Quién sabe; quizá este sea el modo más auténtico de musitar de una recital: viviéndola en tiempo efectivo. Tendré que esperarme unos meses para para poder comprobarlo…  

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