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“Hoy vamos a conjugar el verbo AMAR”. Así comienza el coyuntura con el que, sin más medios que el propio alumnado, mis grupos de 1º de ESO han acabado aprenderse la conjugación verbal en solo un par de sesiones amenas. Hasta diría que muy divertidas. 

Conjugar el verbo amar

Tras abriles formándome en metodologías activas, formación cooperativo, ABP, gamificación, radiodifusión escolar, aplicación didáctica de las TIC, Capital Educativos Abiertos (REA) y cualquier otra nueva tendencia pedagógica a la que poder sacar partido en clase, siguiendo a los docentes más creativos del #Claustrovirtual de Twitter y admirada por los grandes proyectos que muchos de ellos logran poner en marcha, no conseguía dar con la tecla para que la tediosa conjugación verbal no supusiera un escollo para el alumnado de los primeros cursos de la ESO. 

Cada año, muchos alumnos me cuestionan la utilidad de aprenderse la conjugación completa. “¡Total, si la voy a olvidar!”, dicen. Sí, posiblemente olvidemos el nombre exacto del “pretérito pluscuamperfecto del subjuntivo” o que “tener amado” es la forma del infinitivo compuesto, pero sabrás reconocerlos a partir de ahora en cuanto los veas y no sabes lo útil que te será cuando avances en el observación sintáctico de oraciones complejas cuando llegue el momento, les argumento. Por otra parte, comprender la gramática nos ayuda a utilizar la franja de forma más eficaz y a asimilar nuevos idiomas, añado.

A pesar de mis razones, el camino siempre se presentaba como una montaña difícil de subir, hasta que este año se me encendió la bombilla y se me ocurrió un coyuntura muy sencillo y útil para aplicar en clase de Jerga pero extrapolable a cualquier asignatura y contenido (países y capitales, nociones de la tabla periódica, huesos del guía, etc.).  

Hacía pocos días que había jugado en casa con mis hijas a un sencillo coyuntura lingüístico que ayuda a reanimar la atención, la concentración y la capacidad memorística. Se titula “De La Habana ha venido un barco cargadito de…” y seguramente lo retentiva de mi infancia por la canción del mismo nombre de la gran Teresa Rabal. Consiste en retener una directorio ordenada de palabras que cada participante va incrementando por turnos tras entonar todas las que ya se hayan dicho. Es frecuente aplicar esta dinámica al inicio de curso, cuando nos presentamos frente a un clase nuevo, para ir reteniendo los nombres de los nuevos compañeros. A partir de esa propuesta se me ocurrió la venidero mecánica de coyuntura:

  • los alumnos colocan sus sillas en círculo, de forma que todos nos vemos las caras y hay suficiente espacio en el centro para poder moverse cuando llegue el momento.
  • yo aparición la ronda diciendo: “Hoy vamos a conjugar el verbo AMAR. Infinitivo: AMAR” y un colegial continúa repitiendo esta frase y añadiendo la venidero forma verbal que corresponda: “Hoy vamos a conjugar el verbo AMAR. Infinitivo: AMAR. Gerundio: AMANDO”. El venidero colegial de la rueda añade: “Hoy vamos a conjugar el verbo AMAR. Infinitivo: AMAR. Gerundio: AMANDO. Participio: AMADO” y así sucesivamente. De forma que con cada colegial volvemos a repasar desde el principio.
  • si se equivoca, el participante es eliminado y cambiamos el sentido de la ronda, pero debe permanecer atento porque, si es capaz de continuar la forma verbal que falle el venidero, tiene opción a reincorporarse a la rueda.
  • cuando terminamos un tramo de la conjugación -es aseverar, al final de las formas no personales, de los tiempos simples del indicativo, de las formas compuestas del mismo y del subjuntivo- o cuando a mí me parece que la atención está decayendo, digo: “¡CONJUGACIÓN!” y, a excepción de quien tenía que iniciar el venidero turno, todos se cambian de sitio en la rueda. Así se activa la tensión y la diversión, en un condición similar al que se genera con el conocido coyuntura de la arnés. 

De esta forma, memorizan los nombres de los tiempos y la primera persona de cada uno de ellos casi sin darse cuenta gracias a las anécdotas que nos van sucediendo durante el coyuntura, como por ejemplo que recordemos que el pretérito imperfecto de subjuntivo (amara) nos suena a la compañera Ainara o que el pretérito valentísimo compuesto del mismo modo (haya amado) es “el del árbol”. 

La motivación está garantizada por el enfoque lúdico de la tarea y porque el premio para los ganadores es evitar la tradicional prueba escrita sobre conjugación verbal. Lo más sorprendente de la dinámica es que el primer día que jugamos, al terminar, me preguntaron si valía estudiar en casa para repetir la partida al día venidero. En la segunda clase, se salvaron todos y se alegraban de no tener que hacer el examen de verbos. “¡Pero si acabáis de hacer el examen vocal y tenéis un 10!”, aplaudí. 

Y salí del clase pensando en lo mucho que debo a los compañeros que me inspiran diariamente y a los que invito a seguir jugando entre todos a esta condena imparable de conjugar los verbos: AMAR la enseñanza, APRENDER unos de otros y COMPARTIR nuestros pequeños éxitos en las aulas. ¿Con-jugáis conmigo?

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