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¿Cómo funciona el cerebro de un adolescente? 
Lo que ocurre en el cerebro del adolescente es que hay un gran cambio. Sabemos que cuando los niños son pequeños (1-2 abriles) es el momento en el que el cerebro más crece y cuando llega a la adolescencia es cuando el cerebro se re-configura. Se da un proceso que se pasión poda sináptica, es sostener, todas aquellas conexiones nerviosas que hemos hecho a lo liberal de la albor, cuando llega la adolescencia, se van podando para que desaparezcan las que son menos importantes y se queden las más importantes para que, luego, el cerebro pueda procesar la información a la velocidad adecuada y pueda obtener un razonamiento más parecido al cerebro adulto.

¿Qué ocurre en el cerebro adolescente durante este proceso?
En este proceso de poda sináptica, que va desde la parte de detrás del cerebro con destino a delante, hace que la última región de todas, que es el escotadura pre-frontal y que es con el que se regulan las emociones, donde está el autoevaluación, donde se activa el peligro, como es lo posterior en granar, muchas veces a los adolescentes les cuesta anticipar el peligro, regular las emociones y podemos ver que son más reactivos a nivel emocional. Y adicionalmente, ocurre otra cosa en el cerebro adolescente y es que todo el sistema mesolímbico está tremendamente influenciado por una viejo carga hormonal y eso hace que toda la parte emocional sea más difícil de controlar para un adolescente que para un chiquillo o un adulto.

Teniendo en cuenta esto, ¿cómo debemos enfrentarse la educación emocional con adolescentes interiormente del cátedra?
Sabiendo todo esto, lo primero que tenemos que entender es que los adolescentes van a ser más reactivos a nivel emocional, mucho más irritables, pero no significa que no puedan hacer un buen procesamiento de las emociones o que no las puedan entender adecuadamente. Lo que tenemos que hacer es permitir que las emociones entren en el cátedra.

Y para eso, ¿que podemos hacer?
Hay programas específicos en los que se trabaja la inteligencia emocional con los adolescentes que funcionan especialmente adecuadamente. Cuando, adicionalmente, lo estamos trabajando en un cátedra, que se hace en montón, es todavía mucho más beneficioso. Estos programas van dirigidos a que el adolescente perciba correctamente las emociones en el mismo y en los demás, comprender el porqué de esa emoción, ponerle nombre y expresarlo correctamente, utilizar la información de la emoción para hacer una buena toma de decisiones y, por posterior, enterarse regularlas.

¿Hay tiempo para trabajar las emociones en el cátedra?
Hay muchos profesores que dicen que proporcionado cabal está el temario como para poder consagrar tiempo a las emociones. Por eso, cuando se hacen este tipo de programas, se tiene en cuenta que la educación emocional se pueda integrar lo mayor posible en los contenidos que marca el currículum aprovechando esas situaciones que se dan en el día a día en las aulas. 

En esta etapa biológica, los jóvenes tienen más interés por sus amigos, su tiempo de ocio, la ropa, etc. que por el enseñanza. ¿Cómo hacemos para promover la curiosidad por cultivarse?
Yo creo que es muy importante trabajar la motivación. Hay dos tipos de motivación: la motivación extrínseca o externa, que es lo que me viene de fuera; y la motivación intrínseca o interna, que es por lo que yo quiero seguir aprendiendo. Con los adolescentes hay que trabajar un compendio de las dos.

¿Cómo trabajamos la motivación intrínseca?
Para trabajar la motivación intrínseca, hay una emoción que está muy relacionada con el enseñanza: la curiosidad. El adolescente muchas veces quiere cultivarse, por eso debemos ser capaces de fomentar esa curiosidad en el adolescente. Adicionalmente, los adolescentes tienen un mejora en el pensamiento natural, sobre todo, en la capacidad de pensamiento indeterminado muy robusto. ¿Por qué no lo utilizamos? ¿Por qué no utilizamos esa combinación de la curiosidad con ese mejora de la método? Por ejemplo podemos hacer un debate, o potenciar una décimo mucho más activa en el enseñanza. 
Se negociación, sobre todo, de utilizar esa emoción de la curiosidad y explotar lo que sabemos sobre cómo ha evolucionado el cerebro, para ponerlo a honra del enseñanza.

Muchos alumnos sufren excitación o ansiedad delante de una evaluación ya sea vocal o escrita. ¿Qué técnicas podemos enseñarles desde la escuela para canalizar esas emociones y que puedan afrontar cualquier combate similar?
Yo a los adolescentes siempre les digo dos cosas: una cosa es que se este poniendo nervioso porque duda de lo que he estudiado: “sé que me lo sé pero, ¿y si me equivoco?”. Pero otra cosa es cuando les da un ataque de efectividad porque no han estudiado o porque saben que con lo que han estudiado no podrán aprobar.

Cuando el educando sabe que se lo ha estudiado pero aún así tiene ansiedad, ¿qué hacemos?
Una vez que el educando sabe que se lo ha estudiado y se lo sabe, se pueden utilizar técnicas para controlar la ansiedad. Hay dos tipos de técnica: por un banda controlar el pensamiento, ya que a veces los alumnos empiezan a tener una sujeción de pensamientos negativos que les produce taquicardia, opresión en el pecho, tensión… síntomas que interfieren en la correcta realización del examen. Tenemos que enseñar a sustituir esos pensamientos negativos por unos objetivos. Por ejemplo, pensar que si me lo he estudiado me va a salir adecuadamente.

¿Alguna otra técnica?
Incluso va adecuadamente entrenar con los estudiantes alguna técnica a nivel fisiológico para acortar las taquicardia, la opresión en el pecho o la tensión muscular como puede ser una respiración diafragmática que consiste en coger gracia por la napias despacio haciendo que se hinchen, no solo los pulmones, sino incluso la tripa y luego sacarlo poco a poco.
Combinar los dos tipos de técnica, la parte cognitiva qué es lo que estoy pensando con alguna técnica de laxitud de tipo fisiológico para controlar mejor los excitación, es fundamental. 

¿Realizar Mindfulness en las aulas es una buena técnica para relajar a los alumnos? ¿Por qué?
Las técnicas Mindfulness son muy parecidas a las respiraciones diafragmáticas. Lo importante es que el educando conozca técnicas de laxitud. 
Existen estudios donde se confirma que el Mindfulness es una técnica que les va especialmente adecuadamente a los alumnos. A veces consumir unos minutos en el cátedra para hacer Mindfulness, para conectar con uno mismo, ser consciente de dónde estás, cómo está tu cuerpo, de qué deyección tienes y principiar a controlarlo, puede ser especialmente positivo.

Los docentes muchas veces se ven desbordados delante las conductas disruptivas de los alumnos y alumnas. ¿Qué deben hacer en estos casos los docentes?
Aquí no podemos sostener que haya una ley universal que diga “siempre que tu educando haga esto, tienes que hacer esta técnica” porque lo primero que tenemos que ver es cuál es la causa de esa conducta disruptiva. No es lo mismo un educando que en un determinado momento está teniendo un estallido emocional, porque ha sentido poco que no sabe dirigir, que no sabe cómo verbalizar. En este caso tenemos que trabajar la emoción que ha sentido, por qué y cómo expresarlo de una forma más correcta. O cuando un educando se siente frustrado porque le estamos pidiendo poco que no sabe realizarlo, que no está en su zona de mejora próximo y por mucho que se esfuerce no va a impresionar. En este caso, el docente tendrá que ver si necesita parcelar la tarea o deducir un poco el nivel, ofrecerle un poco de ayuda para que luego sea autónomo y lo pueda hacer.

¿Y cuando es simplemente una citación de atención?
Es diferente cuando el educando quiere gustar la atención. Entonces, no debemos hacerle caso. Debemos aumentar más los comportamientos en positivo que en imagen y, sobre todo, evitar que se salga con la suya.

¿Podemos alcanzar que los alumnos sean felices en las escuelas? 
Sí, pero lo que tenemos que ver es cuál es la definición de bonanza. Si creemos que la bonanza es estar todo el día alegre y contento, es inviable ir eficaz a la escuela, al trabajo o a ningún sitio, porque es una absoluta chisme. 

Entonces, ¿qué es la bonanza?
La bonanza no es una emoción sino un estado en el que una persona puede ser eficaz a pesar de enterarse que habrá momentos en los que sentirá emociones desagradables que sabe que serán pasajeras y entenderá que en la vida hay otras muchas cosas positivas. 
Lo que no podemos pretender es que el educando piense que el instituto es un lado donde solamente se experimentan emociones de alegría. Si se está haciendo un buen entrenamiento de la inteligencia emocional y hacemos entender a los alumnos que se puede ser muy eficaz aunque un día esté muy triste porque ha suspendido un examen, o está frustrado porque el profesor le ha tumbado una pequeña bronca, entonces sí que conseguiremos que vayan a la escuela felices.

¿Un chiquillo eficaz es más propenso a tener mejores resultados académicos?
Sabemos que las emociones potencian el enseñanza, sobre todo, las emociones agradables como por ejemplo la curiosidad o la calma. En cambio, una emoción desagradable, como la ansiedad, dificulta que el proceso de enseñanza se produzca. Tenemos que utilizar las emociones siempre a honra del enseñanza, nunca en contra. 

¿Cómo puede conseguir un docente que los alumnos vayan felices al cátedra?
Una de las funciones del profesor es motivar a los alumnos de tal forma que vayan todos felices y contentos a clase. Y, aunque, el profesor va a intentar hacer la clase lo más atractiva posible, fomentando la curiosidad, potenciando esa motivación intrínseca… lo que no podemos pretender es se tenga que poner una napias de payaso y estar todo el día contando chistes. Hay que ser realistas y si adecuadamente es cierto que hay que crear un esfera lo más agradable y propicio posible para el enseñanza, incluso habrá cosas que no les guste a los alumnos, como los exámenes o algunas tareas, que van a tener que hacer. 

¿La escuela está preparada para personalizar el enseñanza de todo su alumnado?
Es muy complicado personalizar un enseñanza. Es verdad que es con destino a donde tenemos que ir y que el enseñanza sea lo más personalizado posible, que el educando se sienta un ser único. La viejo parte de los profesores está poniendo mucho empeño en ello y con esta situación del confinamiento lo estamos viendo, están trabajando desde casa, dedicando más horas que nunca, lo están haciendo lo mejor posible con muy pocos fortuna… Pero no nos podemos olvidar de una cosa y es que para personalizar el enseñanza necesitamos fortuna y formación. Conveniente adecuadamente se está haciendo para los medios que tenemos. Lo que no podemos es incrementar más el nivel de exigencia si no se da formación a los docentes.

Hay que formar a los docentes…
La evidencia científica lo que nos dice es que si queremos aplicar la inteligencia emocional en el cátedra, la primera persona que tiene que tener una entrada inteligencia emocional es el docente, porque no se puede enseñar aquello que no se sabe. Por lo que primero hay que modificar en formar a los profesores para dotarlos de herramientas y fortuna para que ellos luego puedan trasladarlo a sus alumnos.

Hablando de formación… ¿Los docentes tienen la suficiente formación para detectar problemas de enseñanza en el cátedra?
No podemos pensar que todos los docentes están preparados para detectar los problemas de enseñanza ni que nadie lo está. Es muy importante, cuando hablamos de un problema de enseñanza, darnos cuenta que el representación no es que el educando suspenda, sino que hay muchos otros indicadores. No podemos esperar a valorar a un chiquillo y detectar un problema del enseñanza cuando ya haya un fracaso escolar claro. Cuando un educando empieza a tener problemas en la lectoescritura, en la lateralidad, que le cuesta la estructura temporal, que es muy movido o que tiene problemas de concentración, es la hora de principiar a evaluar, a observar y valorar los síntomas que presenta el educando, no vamos a esperar a que tenga que repetir un curso para principiar a detectarlo.

¿Qué datos tenemos acerca de las dificultades o trastornos del enseñanza en España?
Aproximadamente un 20% de los niños tienen dificultades a nivel escolar, es sostener, les cuesta más cultivarse que al resto de sus compañeros. Entorno a un 5-6% tienen un trastorno del enseñanza (dislexia, TDAH, discalculia…). Es un porcentaje muy detención, porque sabemos que si hay 25 niños por cátedra, habrá al menos un educando por clase con problemas o trastornos en el enseñanza.

¿Qué deben tener en cuenta los docentes a la hora de detectar un problema de enseñanza?
Sobre todo no deben fijarse solamente en la nota. Hay niños que a pesar de tener un trastorno del enseñanza, tienen tal apoyo en sus casas, que llegan al imperceptible requerido. Sin bloqueo, los docentes no se deben fijar solo en la nota, sino que es necesario que observen los procesos de enseñanza del chiquillo o la pupila, si tiene problemas en el pensamiento natural o en razonamiento indeterminado, cómo se expresa verbalmente, si se le da la información de forma visual la procesa mejor que de forma vocal, si atiende o se despista con facilidad… y, sobre todo, enterarse cómo se está sintiendo.

¿Puede un problema emocional derivar en un problema de enseñanza?
Sí. Nos encontramos con alumnos que tienen problemas emocionales y eso se traduce en problemas en el enseñanza. O sea que, de entrada, el dictamen no es un problema de enseñanza sino un problema emocional.

¿Cómo podemos diferenciar un chiquillo movido de un chiquillo con TDAH?

El Trastorno de la Atención con o sin Hiperactividad es un trastorno neurobiológico. Lo que está demostrado es que en los niños con TDAH, el escotadura pre-frontal del cerebro no trabaja a las mismas revoluciones que en el resto de los niños. Entonces, no son solo niños que se mueven mucho más, porque ese es uno de los síntomas de la hiperactividad o la hipercinesia, sino que fallan en la función ejecutiva. Un ejemplo muy clarificador es imaginar que la función ejecutiva es un director de comparsa, que la zona del cerebro que organiza, planifica, supervisa que el resto de los músicos, que serían el resto de las áreas cerebrales, están haciendo adecuadamente su trabajo.

¿Qué es lo que ocurre con los niños que tienen TDAH?
Pues que el problema está en el director de comparsa, en la función ejecutiva, a la hora de planificar lo que tienen que hacer, a la hora de ir supervisando y manteniendo la atención en lo que tienen que hacer tanto en la cantidad como en la calidad de tiempo de una tarea. Todo esto es en lo que rotura. Por eso, no solamente debemos fijarnos en esa hipercinesia, que sería la parte de la hiperactividad, sino en todo lo que es la función ejecutiva.
Por eso cuando se hace una evaluación, lo que se tiene que observar es que hay una diferencia entre todo lo que sería la capacidad de planificación, de atención, de estructura, de supervisión del chiquillo y el resto de áreas, es sostener, el razonamiento natural, indeterminado, la comprensión, la memoria…

¿Qué consejo le daría a un docente que tiene un chiquillo con trastorno de enseñanza o TDAH en el cátedra?
Lo primero es que hay que ser realista. Los docentes tienen muchos alumnos en el cátedra y lo que tenemos que hacer es detectar adecuadamente los problemas o dificultades en el enseñanza, porque sino es muy difícil que el docente pueda hacer las adaptaciones curriculares necesarias. 
Pero algunas cosas fundamentales a tener en cuenta con alumnos con TDAH, es que tiene que estar sentado al principio de la clase, como se despista mucho más que el resto se tienen que fragmentar la tarea, que no sean actividades muy monótonas ni muy cargadas, evaluarle no solo por lo que contesta en el examen sino incluso en las preguntas que de forma vocal que le vamos haciendo en el día a día. Hay una serie de protocolos que pueden ayudar mucho a sufrir a lugar esa intervención de los niños con TDAH.

¿Por ejemplo?
Por ejemplo, cuando hay un caso de TDAH combinado que no se puede amparar sereno en el sitio, pues a veces nos puede venir adecuadamente, dejar que se mueva por el cátedra de tal forma que es el propio docente es que se lo está permitiendo. Si lo que estamos haciendo son clases virtuales, entender que no va a estar pegado a la pantalla todo el tiempo que va a faltar tiempo para entrar, para salir, para moverse, que las sesiones no sean especialmente largas. Tenemos que intentar adaptar en todo momento el contenido y la metodología para que ese chiquillo o pupila pueda cultivarse de la mejor forma posible.


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