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Mariano Fernández: “La hiperaula resulta adecuada para acontecer de dar la materia al educación colaborativo”.

¿Qué es la hiperaula y en qué consiste? 
Es un hiperespacio porque, al permitirnos organizar autónomamente las tres dimensiones del espacio, nos permite hacer lo mismo con la cuarta, el tiempo. Dicho de otro modo, los alumnos pueden trabajar de cualquier guisa: en grupos o individualmente, simultánea o independientemente, unos de un modo y otros de otro… Es un foco hipermedia, porque permite combinar de cualquier guisa todos los medios y transitar sin obstáculos entre lo físico y lo aparente. Y está equipada tecnológicamente para servirse de la hiperrealidad, es sostener, para representaciones y simulaciones cada vez más ricas, más indistinguibles de la sinceridad e incluso más accesibles que ésta.

¿Qué aporta la codocencia a la educación de hoy en día?
La codocencia aporta un mix más rico y completo de cualificaciones profesionales en el clase, apoyo mutuo, una situación más relajada, corresponsabilidad, transmisión insensible de conocimiento tácito, una oportunidad para la inducción y formación de los profesores junior, un apoyo y un refrigerio para los senior, último aventura de arbitrariedad para el estudiante, decano continuidad de unos proyectos que dejan con ella de ser meramente personales, etc. En fin, todo son ventajas.

¿Hay diferentes tipos de codocencia?
Tantos como emparejamientos o agrupamientos posibles. Lo estrafalario, no obstante, es que, si se rebusca letras científica sobre la “codocencia”, lo que aparece en primer término y en decano número es la colaboración –suponiendo que sea tal, pues quizá haya que sostener la convivencia, o la conllevancia– entre un profesor ordinario (y principal) y otro de educación exclusivo (o de apoyo). Es como sostener que el segundo venía a librar al primero de los alumnos fuera de la norma, los anormales.

Y usted cuando se refiere a codocencia, ¿lo hace en esos términos?
Yo hablo de codocencia para referirme a dos o más profesores ordinarios en un clase, con independencia de que se anualidad o de que alguno de ellos pueda ser educativo exclusivo, de apoyo o en formación. Golpear codocencia a la presencia de un profesor complementario y subordinado para alumnos con micción especiales es sólo una guisa de reafirmarse en el maniquí de un profesor-un grupo-un aula-un tiempo homogéneo (y, en secundaria, una asignatura), un maniquí fabril para los alumnos y autárquico para los profesores que hoy ha perdido cualquier sentido.

¿Cómo deben organizarse los docentes? ¿Supone aplicar más tiempo no oficial?
No, puede requerir incluso menos, ya que se van a repartir responsabilidades, aunque he de sostener que sería un criterio poco digno. En cualquier caso, el tiempo no oficial del profesor se dedica siempre en gran medida a diseñar y preparar el tiempo oficial o a deshacer sus entuertos. La colaboración hace que el trabajo del profesor sea más productivo y eficaz tanto adentro como fuera del clase, permite hacer lo mismo con menos, más con lo mismo y, por supuesto, más con más; y la codocencia permite una atención más diversificada sobre el contorno, por lo que provoca menos desajustes y una último obligación de corregirlos a posteriori.

Este año ha empezado con este esquema de la hiperaula en la propia aptitud donde imparte docencia, ¿qué le ha parecido la experiencia? ¿Qué cosas cree que están por mejorar?
Por circunstancias que no vienen al caso, nuestra experiencia fue muy improvisada. Otra profesora que cayó allí según comenzaban las clases, sin ninguna preparación previa, y un diseño de la materia que había sido establecido, por el calendario universitario, ayer de contar con la hiperaula. Aun así, pudimos dar pasos con destino a una verdadera codocencia y creo que la experiencia fue buena para los alumnos y enriquecedora y muy relajada para nosotros. Pero la nuestra fue una de dos o tres experiencias. La Universidad sigue dominada por un maniquí docéntrico y común, las pocas veces que hay un segundo profesor en el clase es siempre el ayudante del primero. En ese contorno está todo por hacer.

¿Es posible extrapolarlo a la educación primaria o secundaria? 
Es que el camino ha sido el contrario, la hemos importado de la primaria y la secundaria a la Universidad. Podría mencionar decenas de ejemplos de estos niveles en los que dos o más profesores colaboraban o colaboran sobre el contorno, generalmente con grupos de alumnos más amplios que los habituales (no se proxenetismo de dividir por dos las ratios). Yo no he inventado ni la hiperaula ni la codocencia, sólo he explicado, sistematizado, teorizado, rebautizado y, si quiere, he hecho poco más visible una alternativa que existe hace siglos, que hasta hace poco fue reabsorbida una y otra vez por la gramática profunda de la escolaridad, ese maniquí de aula-huevera que la gran mayoría del profesorado ha venido aceptando sin asimilar por qué, o precisamente por eso.

¿Por qué considera que es mejor dos docentes para 60 alumnos que uno para 30? Al fin y al extremo la ratio es la misma…
Digamos que es poco parecido a por qué son mejores dos progenitores para la parejita de hermanos que uno para cada uno. Complementariedad y contraste, más variedad y riqueza de criterio, más consistencia y menos arbitrariedad, menos aventura si no ha habido suerte con alguno de ellos y, adicionalmente, un adiestramiento parental o docente más completo, más relajado y en el que se progresa más. 

Son muchos los beneficios…
Si eso es así entre 2-2 y 2*(1+1), lo es quince veces más entre 2-60 y 2*(1-30). La murga de las ratios no conduce a ninguna parte, pues la más pequeña reducción resulta muy cara, produce muy poco (si es que produce poco) e incluso aumenta la frustración del docente. No discuto que aquí o allá se deba someter (o se pueda aumentar) la ratio, pero como eje de las lamentaciones es una idea simplona, un pensamiento muy insuficiente que, por desgracia, parece asimismo único para algunos individuos y colectivos.

¿Se debe modificar una gran cantidad de fortuna económicos para obtener una hiperaula?
Para cero. En principio es último que el de dos aulas-huevera: el mismo o parecido coste variable por estudiante (menaje, superficie…), menores costes fijos (algunas paredes menos y algunos metros aperos más), menores costes ocultos (una quebranto ocasional o un mal día de un profesor, por ejemplo, no es un desastre) y mejores resultados, desde el bienestar al rendimiento. Luego, sea en el clase huevera o en la hiperaula, se puede modificar más o menos en tecnología, pero si poco caracteriza a ésta, es que parte de ella es fácilmente escalable, lo que implica que esa parte no tiene costes marginales. 

¿Y si hablamos de cambiar un clase tradicional a una hiperaula?
Lógicamente, hacer una reforma de un clase que fue diseñada de otro modo sí que tiene un coste, pero es como modificar la casa propia, siempre termina valiendo la pena.

¿Cómo debe ser el menaje de la hiperaula?
Debe ser, como su nombre indica, móvil, aunque parezca una perogrullada. Las aulas-huevera están llenas de menaje difícil de mover, incluso inmovilizado (bancos adosados a pupitres, atornillados al suelo, patas que chirrían, etc.). Muy móvil, muy obediente de mover por los propios alumnos. Debe ser confortable, por supuesto, pero su sola micromovilidad es un importante ambiente de confort. Conviene que sea poco variado en cumbre, agrupabilidad, etc., de colores simpáticos y que absorba el sonido en vez de reflejarlo. No hay menaje consumado, ni es obediente decidirse, pero sí que hay una amplísima ofrecimiento que supera por goleada al menaje escolar tradicional.

¿La hiperaula implica utilizar ciertas metodologías innovadoras (STEAM, ABP, ABR, ABJ…)?
La hiperaula no implica cero. Es el aula-huevera, la que implica o impone, que el profesor se suba a la tarima a dictar una materia o se siente a la mesa a atender a los alumnos. La hiperaula obliga, eso sí, a arriesgarse qué tipo de docencia y de educación se desea, no es la excusa de nadie de ellos. Convierte al docente en el diseñador del proceso de docencia y educación, incluidos espacios y tiempos y, por supuesto, actividades; hace de él, por primera vez, un cierto profesional. En ese sentido, sí que resulta particularmente adecuada para acontecer de dar la materia e hincar los codos al educación colaborativo y a cualquier combinación de éste con el trabajo individual y colectivo.

¿Este tipo de aulas ayudan a mejorar el educación de los alumnos “disruptivos”? 
Sin duda ninguna. No hace desatiendo ser ni anarquista ni psicólogo para entender que la materialidad del educación es importante, que el aula-huevera es muy constrictiva y represiva y que, en consecuencia, todo ello provoca por sí mismo gran parte de esa disrupción. Es una de las preguntas que nunca dejo de hacer a los docentes cuando visito un centro de estas características y la respuesta es siempre la misma: sí, alumnos que eran un problema, o a los que habíamos convertido en un problema, en el clase tradicional, dejan de serlo en un espacio-tiempo (un hiperespacio) más flexible, más amplio y más atrevido.


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